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El síndrome del «Ese no es mi problema» (y cómo curarlo)

Esa pequeña desconexión con el entorno laboral —como ignorar un papel en el suelo o derivar responsabilidades a otra área— es el síntoma visible de un mal silencioso que mata la innovación y la agilidad en las empresas. Descubra cómo pasar de ser un simple espectador que dice «eso no me toca» a desarrollar una mentalidad de dueño que transforma equipos y organizaciones.

¿Te ha pasado? Al caminar por un pasillo de la oficina junto con un compañero después de tu hora de almuerzo, encontrar un papel en el suelo y cuando te inclinas a recogerlo tu compañero te dice “deja eso así, eso le toca a alguien de mantenimiento». O peor aún, en una reunión virtual escuchas: «Eso le corresponde a Marketing», «Eso es de Sistemas».

Esa pequeña desconexión con el entorno es el síntoma más visible de un mal silencioso en las empresas: el trabajo en silos y la falta de sentido de pertenencia y responsabilidad.

Durante años, nos han enseñado a mirar nuestra propia casilla en el organigrama. Cumplimos con nuestra parte y, si algo falla en la frontera entre áreas, nos encogemos de hombros: «El proceso falló, yo hice lo mío». Pero ¿y si dejamos de ser espectadores y empezamos a jugar como dueños?

Y ojo, la mentalidad de dueño no es trabajar 24/7 ni cargar con el estrés del CIO. Es mucho más simple, y a la vez, mucho más poderoso.

Tener mentalidad de dueño es pasar de “Se rompió» a «Lo arreglo» (o busco cómo)

Es dejar  el estribillo de la queja: “es que, si hicieran “, “es que no se les ocurre” como el combustible del «no es mi problema» y recargar un nuevo combustible que impulsa a tener sentido de pertenencia buscando encontrar soluciones y contribuir. Una persona con mentalidad de dueño no solo señala el bache en el camino; busca una pala para rellenarlo o, al menos, pone un cono para que nadie más se accidente. Se enfoca en soluciones, no en excusas. Se pregunta «¿Qué puedo hacer YO para mejorar esto?».

Pasar de decir en susurros: «Eso no está en mi descripción» a pensar de corazón: «Eso ayuda al equipo, vamos a hacerlo»

El «eso no me toca» es el asesino silencioso de la innovación y la agilidad. Los equipos de alto rendimiento entienden algo fundamental: el éxito del proyecto es de todos, y el fracaso también. Si el barco se hunde, da igual que tu camarote estuviera impecable; te vas a mojar igual. Mirar más allá de tu cargo significa entender que tu trabajo no termina donde empieza el del otro, sino cuando el objetivo común se ha cumplido.

Cuidar todos los recursos (tiempo, energía, dinero) como si fueran tuyos

Cuando tratas los proyectos, las herramientas y, sobre todo, el tiempo de la empresa con el mínimo con el que cuidas tu propia casa, la calidad se dispara. El sentido de pertenencia significa optimizar, preguntarse «¿Esta reunión es necesaria?», «¿Este gasto aporta valor?». Se trata de ser guardianes de los recursos, no meros administradores.

 

El mejor antídoto para este síndrome es: Libertad y Confianza.

Nadie se siente dueño de una casa donde no le dejan ni pegar un clavo. Si quieres que tu equipo se adueñe de los resultados, dales la autonomía para decidir cómo llegar a ellos. Acepta que se equivocarán, pero que aprenderán. El control excesivo mata la iniciativa.

 

Hoy te invito a hacer un experimento:

Olvida tu cargo por un momento. Mira a tu alrededor. Ese proceso que siempre te ha parecido absurdo, ese cliente con una duda que no es «tu área», ese papel en el pasillo…

 

¿Vas a esperar a que alguien más lo resuelva, o vas a tomar el volante?

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