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La rutina defensiva del callar

Hay un virus silencioso en las organizaciones y no se cura con un software nuevo ni con un aumento de sueldo. Se llama la «Rutina Defensiva del Callar».

El silencio es el impuesto más caro que paga tu empresa

Hay un virus silencioso en las organizaciones y no se cura con un software nuevo ni con un aumento de sueldo. Se llama la «Rutina Defensiva del Callar».

Si en sus reuniones de equipo el silencio es la norma, o si las conversaciones de pasillo en su organización son más honestas que las de la sala de juntas, se advierte un problema grave de diseño biológico.

El «Callar» no es respeto, es cobardía organizacional.

Una organización entendida cómo fenómeno biológico cultural nos revela que más que un organigrama; es una red de conversaciones.

Cuando la gente calla, la red se corta. El flujo de información se detiene. Y cuando la información no fluye, el sistema muere.

Muchos líderes confunden un equipo silencioso con un equipo alineado. Error. Un equipo que no cuestiona es un equipo que ha decidido que no vale la pena esforzarse por visión de su líder. Han elegido la seguridad del silencio por encima de la incomodidad de la innovación.

¿Por qué nos sale tan caro el silencio?

  1. Tomas decisiones con basura: Si los colaboradores no se atreven a decirle a su líder que su idea es mala, chocara el auto a 100 km/h con el aplauso de todos.
  2. Mata el compromiso: Nadie se siente parte de un lugar donde sus ideas mueren en su garganta.
  3. Subvenciona la mediocridad: La rutina defensiva protege a los que no hacen, porque señalar la ineficiencia se vuelve «políticamente incorrecto».

Los equipos de alto desempeño no son familias felices que nunca pelean. Son comunidades de seres humanos que se validan lo suficiente como para discrepar con fuerza.

Para romper la rutina del callar, es necesario que el Líder deje de pedir «lealtad» y empieza a pedir coraje.

Si un líder identifica que pasa una semana y nadie le ha llevado la contraria sospeche de su hacer como líder porque; eres un síntoma del problema.

Si ves un error y callas, no eres «buen compañero», eres cómplice de la decadencia de tu equipo.

Cuando ronda una pregunta incómoda: ¿Qué es eso que todos en tu oficina saben que no funciona, pero nadie se atreve a decir en voz alta?

Ese silencio es lo único que te separa del alto desempeño. Es hora de empezar a conversar.

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